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Little Joe

Las salas de cine han vuelto a abrir en muchas localidades: reposiciones, reestrenos, ciclos y festivales llenan la cartelera tras el periodo de confinamiento. Y también han llegado los primeros estrenos, como es el caso de Little Joe, distribuida por Noucinemart, la última película de la directora austriaca Jessica Hausner que con cinco largometrajes se ha convertido en una de las voces más personales del cine europeo. Su primer film rodado en inglés, presente en la programación del último D’A Film Festival, es un drama de ciencia ficción impactante. Ésta es nuestra crítica de una de las mejores películas del género en los últimos tiempos.

Como vemos en el trailer, la protagonista de Little Joe es Alice, madre soltera que trabaja en una empresa de investigación botánica. Es la responsable del último diseño de la compañía: una planta modificada genéticamente cuya fragancia proporciona felicidad. Un día, sin haber concluido los procedimientos de revisión, lleva un ejemplar de la nueva especie a su hijo Joe. A medida que la planta crece, Alice descubre que tal vez su creación no sea tan inofensiva como parece.

Jessica Hausner, directora y guionista de la cinta, utiliza un argumento que remite a La invasión de los ultracuerpos, una novela clásica de la ciencia ficción, escrita por Jack Finley y adaptada por primera vez en 1956, para hablar de un futuro que ya hemos alcanzado, el de la manipulación genética, la búsqueda de la felicidad de forma artificial y la realidad incierta, afectada por virus desconocidos y distanciamiento social. En este sentido, Little Joe se configura como una película que habla claramente de nuestro tiempo o de la llamada ‘nueva normalidad’ en la que vivimos.

Alice en el trabajo, rodeada de plantas ‘Little Joe’ (Little Joe, Jessica Hausner, 2019).

La película supone un gran paso adelante en la carrera de Hausner; su consagración como una de las realizadoras más interesantes de la actualidad. Desde Lovely Rita (2001) hasta la presente cinta, pasando por Hotel (2004), Lourdes (2009) y Amour fou (2014), vemos una serie de señas autorales comunes en su cine, como el predominio de personajes solitarios con dificultades para relacionarse con los demás o sentirse integrados en la sociedad, el uso de los espacios como una traslación de la psicología de los personajes, el conflicto familiar como detonante, especialmente entre padres e hijos, y el cuestionamiento del punto de vista, siempre a medio camino entre lo real y lo posible.

Todos estos elementos están presentes en Little Joe, sublimados gracias a una realización excelente, a partir de una serie de planos fijos que enfatizan el aislamiento de los personajes en el espacio y su extrañamiento, en la línea del cine de Yorgos Lanthimos (Langosta, El sacrificio de un ciervo sagrado); una fotografía que utiliza la calidez de los colores contrastados o la monotonía del blanco para expresar emociones o la ausencia de las mismas; dos contenidas interpretaciones, las de los ingleses Emily Beecham (ganadora del premio a la mejor interpretación femenina en Cannes 2019) y Ben Whishaw; y una banda sonora inquietante, formada por una sucesión de piezas del compositor japonés, ya fallecido, Teiji Ito.

Alice y su hijo Joe: distanciamiento e incomunicación (Little Joe, Jessica Hausner, 2019).

Little Joe, en conclusión, como las mejores obras de ciencia ficción, es más ciencia que ficción; una película que trasciende su género para elaborar una pertinente crítica de nuestra sociedad: la búsqueda de las emociones por medios artificiales nos aísla y nos despoja de nuestra humanidad. En Barcelona y Madrid puede verse en los Cines Renoir; no se la pierdan: Little Joe es una de las películas más fascinantes y visionarias de los últimos años.

 

Póster de Little Joe, distribuida por Noucinemart.

 

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